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Eyaculación precoz: ¿Hablamos de reproducción o de sexualidad?

Eyaculación y orgasmo son dos reacciones fisiológicas diferentes, que pueden darse juntas o por separado.

 

Los intereses ideológicos contenidos en los modelos sexuales sociales y una gran influencia de los prejuicios tradicionales, intervienen para que el orgasmo masculino se siga confundiendo con la eyaculación o expulsión de semen, siendo esta función secundaria señalada erróneamente como la causante de las disfunciones orgásmicas masculinas y la que deforma los criterios etiológicos y diagnósticos de  los mismos.

 

No deja de llamar la atención, cómo las  disfunciones orgásmicas femeninas,  se enfocan con criterios causales, buscando ellos el origen del problema; sin embargo,  las disfunciones orgásmicas masculinas se enfocan con criterios temporales, hablándose de eyaculación precoz o retardada. No se dice que la mujer tenga orgasmos precoces o retardados.  Esta diferencia de criterios explica el erróneo enfoque de las disfunciones  orgásmicas  masculinas.

 

Un criterio, sin duda  erróneo, es considerar la disfunción en relación a la función reproductora y no a la función sexual.  Lo incorrecto de este planteamiento reside en:
  
1. Eyaculación y orgasmo son dos reacciones fisiológicas diferentes, que pueden darse juntas o por separado. Así ocurre en la infancia y en determinadas circunstancias de la adultez, que se producen orgasmos secos sin eyaculación y eyaculaciones sin orgasmo.

 

2. Los problemas relativos a la eyaculación deberían encuadrarse de forma correcta, dentro de los síndromes de infertilidad y esterilidad, ya que tienen causas orgánicas en la mayoría de los casos.

 

3. Aplicar a los hombres los mismos criterios diagnósticos que a las mujeres, permitiría atender los casos masculinos en  que el varón eyacula perfectamente, pero no tiene orgasmo o tiene un orgasmo insignificante como en los casos del “rol del espectador”.  Sin embargo, estos casos no suelen considerarse disfuncionales y hay muy pocos estudios sobre este tema.

 

Otro criterio erróneo es el temporal.  Mientras que los problemas sexuales femeninos se definen por la ausencia o presencia del orgasmo, y por la intensidad mayor o menor de su percepción, los masculinos se miden por la rapidez o lentitud de la eyaculación. ¿Rapidez o lentitud respecto a qué? 

 

A partir de Master y Johnson se considera, en general, que la rapidez eyaculatoria se establece cuando el hombre eyacula antes de que su pareja alcance el orgasmo, al menos en el cincuenta por ciento de los casos.  Definición nada científica, confusa y que depende de una variable externa como es el comportamiento sexual de la mujer. Sin duda en esta ocasión no estuvo muy acertada la pareja.

 

Ninguno de estos criterios nos sirve para establecer que la eyaculación precoz es una disfunción sexual.  Por el contrario, nos reafirman en la idea de que es un problema ficticio, un mito surgido de los prejuicios que responsabilizan al hombre del orgasmo de su pareja.  Esto es aún más evidente si tenemos en cuenta dos factores:

 

1.     Que el criterio temporal sólo se aplica al hombre.  No se habla de orgasmo precoz o retardado femenino, ni se considera que la mujer sea disfuncional por tener orgasmos rápidos, algo que está demostrado  que los tiene.

 

2.      Como ya hemos dicho, se confunden funciones y técnicas.  Si se habla de eyaculación que es una función reproductora, la rapidez no sólo no es un defecto sino una cualidad.  Si se habla de orgasmo, que es una función placentera o sexual, el coito no es la técnica más adecuada.

 

Helen Singer Kaplan  estableció una definición de la eyaculación precoz que, aunque sigue siendo  igual de arbitraria y confusa que las anteriores, abre el tema a cambios en el comportamiento mediante el aprendizaje. Considera al varón, eyaculador precoz, cuando no ha adquirido o ha perdido la capacidad de decidir, dentro de límites razonables, el momento eyaculatorio. Es evidente que la definición no tiene en cuenta que la eyaculación es una conducta fisiológica refleja, que todos los machos animales realizan de forma involuntaria. Pero introduce la posibilidad de aprender a retardarla, de la misma forma que cualquier ser humano puede aprender a mover las orejas, hacer el pino con una mano o tocar diferentes instrumentos a la vez. 

 

Si partimos de que la eyaculación precoz como disfunción ha sido una construcción social de la cultura, hemos de admitir que también podemos aprender a variar el proceso eyaculatorio. De la misma forma que un atleta necesita de un entrenamiento costoso para modificar sus condiciones físicas si quiere batir marcas olímpicas, es asumible que se pueda aprender a controlar el proceso eyaculatorio para manejarlo voluntariamente, aunque no sea necesario para mantener relaciones sexuales plenamente satisfactorias.

 

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Mayo 2012

Raquel Díaz Illescas.

Psicóloga.Terapeuta sexual y de pareja.

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