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LA ELECCIÓN DE PAREJA

 

La elección  de la pareja

No siempre podemos elegir la pareja que desearíamos, pero sí podemos decir NO a quien sabemos que no nos conviene.

La pareja ha sido motivo de estudio tanto de psicólogos como de sociólogos, pero no así la elección de la pareja, tema  fundamental para el futuro desarrollo emocional y social de sus miembros.

Presuponemos que cada persona tiene en su esquema cognitivo, en su pensamiento, una idea de lo que le gusta, debe ser, debe tener, debe hacer, etc., su pareja. Esto obedece a las experiencias de la vida, que como si de un filtro invisible se tratase, nos alertan de lo que no deseamos, no nos conviene, necesitamos, etc., de ahí la importancia del autoconocimiento. Esto no evitará que nos equivoquemos, pero sí al menos que seamos conscientes de la incompatibilidad o compatibilidad previa que podemos encontrar en la futura pareja. Tampoco es bueno ser demasiado impositivo en nuestra elección, pues conforme las personas se van conociendo también van aflorando aspectos que pueden resultar influyentes para la elección en uno y otro sentido.

Así mismo es importante clarificar en ese sistema de evaluación que cada cual tenga,  la racionalidad o irracionalidad de las expectativas puestas en la pareja, pues serán esenciales para el equilibrio emocional de sus miembros. De no ser así, esto puede conllevar exigencias poco realistas, provocando desavenencias y desajustes emocionales que llevan a la frustración por esperar algo de la pareja que de antemano no se daría. Hacer uso de la racionalidad es fundamental, precisamente porque están en juego las emociones y los sentimientos de las personas.

Antes de nada, lo primero que tenemos que saber es qué tipo de pareja deseamos, queremos, y qué expectativas tenemos hacia nuestra futura pareja.

¿Podemos elegir nuestra pareja, aquella con la que compartir nuestra vida? Probablemente menos de lo deseable, pero lo que sí podemos elegir es con quien no queremos establecer  relaciones de compromiso y esto ya es algo.

Cuando pensamos en nuestra pareja ideal ¿en qué pensamos, qué requisitos establecemos, qué condiciones debe cumplir, pensamos en el físico?¿debe tener un cuerpo escultural?¿una buena posición social y económica?¿debe ser inteligente, cariñosa, detallista?¿pensamos en el sexo, en la sexualidad?

Compatibilizar y equilibrar lo que necesitamos, lo que nos conviene, lo que está disponible, lo  que nos podemos permitir, lo que podemos elegir, a quien deseamos, quiénes nos atraen, son cuestiones que generalmente se dan por separado, y que en alguna que otra ocasión son motivo de una elección condicionada.

La atracción sexual es sin duda el punto de partida para la elección de pareja, aunque luego se vayan añadiendo otros componentes que irán reforzando el deseo. Si alguien no nos atrae sexualmente, difícilmente estableceremos los vínculos que nos hagan desear pasar más tiempo con la persona elegida. Nos puede atraer su inteligencia, sus buenas artes para relacionarse, el que sea un manitas, etc., etc., pero si el componente sexual no se activa el resto quedará para otro tipo de relación, que son estupendas por cierto, pero que no encajarán en el de pareja, al menos no en la que se desea compartir experiencias de intimidad placenteras (mentales y corporales). Otra cosa será ya lo que cada cual determine como atracción sexual, que no siempre, o raramente, estará relacionado con los estándares de belleza preconcebidos, o con los que incluso fantaseamos. La atracción sexual tiene más que ver con lo que una persona te sugiera al verla, al pensar en ella, te active, te haga imaginar, sentir, excitarte, etc., etc.  Sabemos que hay personas, hombres y mujeres, que sin tener un cuerpo estupendo, o una cara de dibujo, tienen una sensualidad al hablar, al caminar, al moverse, etc., que mueven y remueven cada poro de la piel, y esto es importante. Si no hay atracción, no hay deseo y si no hay deseo la elección estará incompleta.

Y es que la atracción y  el deseo se van a ver muy implicados en la elección de nuestra pareja. Lo  estarán en un principio, cuando sentimos que alguien nos gusta, nos atrae,  y lo seguirá estando a lo largo de nuestra vida, pues el deseo y la atracción permanecen vivos, aunque a veces los sintamos como aletargados. Sabemos qué tipo de persona nos suele gustar, atraer, etc., sin embargo, no suelen ser con las que más tarde establecemos relaciones de pareja. ¿Y por qué ocurre esto? ¿por qué no acabamos emparejándonos con las personas que más nos atraen, que más deseamos, con aquellas con las que fantaseamos, con las que desearíamos llevar a cabo muchos proyectos? Y sin embargo acabamos emparejándonos con personas que a veces poco tienen que ver con nuestros intereses de intimidad o carácter profesional. Simplemente porque a pesar de la fuerza que tiene la atracción, esta no se da en exclusividad, ya que podemos sentirnos atraídos por muchas personas; así mismo, el deseo  se encuentra íntimamente  vinculado a la atracción, se manifiesta con toda la intensidad que tiene la pasión, pero aun siendo ambos dos afectos sexuales, muy fuertes en las relaciones amorosas, no son suficientes; necesitamos del sentimiento de exclusividad  que solo da el enamoramiento, que no es otra cosa que la suma de los anteriores, pero aun con todo esto, a veces, resultan inexplicables algunas relaciones de pareja, incluso para sus miembros.

 

 

Raquel Díaz Illescas.

Licenciada en Psicología.Terapeuta sexual y de pareja.

 

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